P.I.
de preguntar a totes hores
ningú vol contestar
ningú sap, a ningú l’importa
cansat de preguntar
per què cony ningú s’obre?
per que visc en una ciutat
que diu “I love New York”
i és Barcelona.
I les hores van passant
i jo sense resposta
si algú em vol fer el favor
sé que són preguntes idiotes.
Per què llevar-se a les set
per no fer tard a la feina
que tardi autobús
i és a tu a qui renyen
per què maleducar infants
amb les ciències exactes
si dos i dos sempre fan
un forat a les sabates.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.