Todo está en los libros
Aldana en Alcazarquivir,
Kim de la India y Samarkanda,
Santa Teresa y Boabdil,
Ítaca, la muralla china,
las minas del rey Salomón,
flores del mal y gatopardos
y caminos de perfección,
todo está en los libros,
todo está en los libros,
todo está en los libros.
Las nieves de Kilimanjaro,
la vida en el Mississippí,
Canterbury, París, Lisboa,
San Juan, Santiago, San Fermín,
las mil y una noches, los Vedas,
Nueva Orleans, Sebastopol,
Venecia, Nápoles, Atenas,
Don Juan, Gargantúa, Hiperión,
todo está en los libros,
todo está en los libros,
todo está en los libros.
Los campos de Soria, la pampa.
la isla del tesoro, el Grial,
Romeo y Julieta, Alejandro,
Sócrates, Don Quijote, Bagdad,
lo que le viento se llevó, Granada,
Buda, Lanzarote, lord Jim,
infiernos, cielos, paradisos,
Carmen, Angélica, Beatriz,
todo está en los libros,
todo está en los libros,
todo está en los libros.
El minotauro, el laberinto,
Hércules, Gárgoris, Sansón,
el capitán Nemo, Platero,
Sherlock Holmes y Guillermo Brown,
Alicia, Nils Holgersson, Pinocho,
Sandokán, Huckleberry Finn,
Scherezada, el judío errante,
la Celestina, Brandomín,
todo está en los libros,
todo está en los libros,
todo está en los libros.
Sintonía del programa de televisión "Biblioteca Nacional" (1982), dirigido y presentado por Fernando Sánchez Dragó.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.