Yo era un tipo solitario
acostumbrado a caminar con prisas,
mirándome tan sólo los zapatos,
sorteando trampas que la vida
viste de amor a nuestro paso.
Tardé en echar en falta a los vecinos.
Al fin y al cabo hablábamos tan poco...
Eran extraños. Además el sonido,
saludos, gritos de socorro,
no se propagan en el vacío.
Y así los días deshabitaron todos los sueños
y poco a poco todas las canciones de amor.
Donde hubo estrellas, colgando azules del firmamento,
quedaron huecos, recuerdos de un futuro mejor.
Cómo no te escuché, cómo no reparé en tanta ausencia.
Cómo pude olvidar que tu presencia da
lo que al cerezo trae la primavera.
Se despoblaron calles y avenidas.
Yo lo achacaba al miedo y a sus cadenas.
Imaginaba a la multitud cautiva
temblando en torno a sus hogueras
mientras afuera amanecía.
Desaparecía gente en mi trabajo.
Pensé en otro recorte de plantilla.
Que llueva afuera mientras yo esté a salvo.
Como un responso me leía cada mañana los diarios.
Y así los días deshabitaron todos los sueños
y poco a poco todas las canciones de amor.
Donde hubo risas, estruendo de aves cerca del puerto,
quedó el silencio, recuerdos de un futuro mejor.
Cómo no te escuché, cómo no reparé en tanta ausencia.
Cómo puedo olvidar que tu presencia da
lo que al cerezo trae la primavera.
Caí en la cuenta un día yendo al trabajo:
en la calle no se veía ni un alma.
Estaba solo. Seguí caminando
y no le di mucha importancia.
Yo era más bien solitario.
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