No me interesa
otras el destino no me deja elegir,
por eso tengo lo que puedo;
no soy amante de lo ajeno,
no suelo competir.
No me interesa, esa, esa,
esa es la fiebre que se sube a la cabeza.
Es la fiebre del oro
que se ha vuelto incoloro,
de tanto manoseo, de tanta adoración.
La del mono trepador,
la del número uno,
la de ser el mejor, el mejor, el mejor.
Yo no me paso la vida deseando
ser como aquellos que pasan por mi lado;
que no me paso la vida suspirando
por aquello que no tuve,
por aquello que no fui;
así, quién podría vivir.
No me interesa
como viven los demás.
No me interesa
lo que tiene cada cual.
No me interesa;
cada vez me gustan más
las pequeñas alegrías,
el amor delicatessen,
las buenas compañías
que este cuerpo se merece.
Mala sangre que transita
por tus venas de uralita,
porque quieres los galones
de quien más tiene y puede,
de quien tiene y puede más,
que fatal casualidad
que otros quieren lo mismo que tú.
Y se te asoma a los ojos
el color de la envidia,
te conviertes en presa
de tu propia perfidia,
de tu mísera avaricia,
de tu negra ansiedad, ansiedad, ansiedad.
Y es que te pasas la vida deseando
ser como aquellos que pasan por tu lado.
Y es que te pasas la vida suspirando
por aquello que no tienes,
por aquello que no fue
tener o no tener.
No me interesa
como viven los demás.
No me interesa
lo que tiene cada cual.
No me interesa;
cada vez me gustan más
las pequeñas alegrías,
el amor delicatessen,
las buenas compañías
que este cuerpo se merece.
No me interesa como vives,
no me interesa lo que tienes,
no me interesa.
(2011)
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