La vida
mi mano y la acaricia.
La vida que me abraza,
que me creó un día.
La vida que nos llega
como una sinfonía.
La vida que se marcha
casi con grosería.
La vida, cuanto somos,
por ella moriría.
La vida hambrienta esposa
que me tomó un día.
La vida entrañable,
a veces escondida.
La vida que me arde
con sangre en las pupilas.
Casualidad remota
que se cumplió un día,
desde la nada al todo
se quedará vacía,
para después dejarnos
en calles sin salida
absurdos y asustados
cerrando nuestra vida.
La vida nos envuelve
en música y poesía.
La vida nos arrulla
con voz de letanía.
La vida nos seduce
con cuentos de otra vida.
La vida nos confunde
con su palabrería.
La vida se resume
con dos fotografías.
La vida que se vive
sabiendo que morías.
La vida que se sufre,
por si nos dejaría.
La vida nos exige
a veces pleitesía.
Un rato entre dos nadas,
un punto en las pupilas
del paso de los años,
que se fueron un día.
Recuerdo del presente,
se fue según venía,
esperanza pasada,
sin ti no existiría.
La vida miserable
para una mayoría.
La vida a veces buena,
como una anomalía.
La vida que desprecian
los de la altanería.
La vida que nos roban
con mucha alevosía.
La vida que perdemos
por cabezonería.
La vida que nos quitan
desde la cobardía.
La vida disfrutada
con fuerza y energía.
La vida arrinconada
en una estantería.
Y si os dicen que falto
un día de la vida,
buscad en las canciones,
echadle fantasía
y recordad que siempre
viví mientras vivía,
soñé sin el recato
que el sueño requería.
Amanda Jara, hija de Víctor Jara y presidenta de la Fundación que lleva el nombre del músico chileno participa estos días en distintos actos en Barcelona relacionados con actividades de la institución que dirige. Amanda Jara habla desde una vida atravesada por la resistencia y la necesidad de mantener vivo un legado familiar y artístico, pero se presenta ante todo como una mujer consciente del mundo que habita, alejada de cualquier voluntad de construir una imagen heroica de sí misma.
En este mundo actual dominado por una élite de tiburones ávidos de sangre y dinero, forjadores de un mundo autoritario, genocida, explotador y censor, Silvio nos trae desde su bloqueada isla, nuevas y viejas canciones como si hubieran sido escritas anteayer para darnos un abrazo de esperanza, esperanza, esperanza blanca, roja o negra pero con amor.
El cantautor mexicano Alejandro Santiago, vinculado con la trova contemporánea mexicana, murió el 22 de septiembre de 2026 en una clínica de Cuernavaca, Morelos, después de un prolongado periodo de hospitalización. A lo largo de más de cuatro décadas de trayectoria publicó siete discos de manera independiente y llevó sus canciones a escenarios de México, Estados Unidos, Latinoamérica y Europa.
Durante el periodo de la Unidad Popular en Chile, la efervescencia creativa dio lugar a proyectos artísticos ambiciosos. Entre ellos destaca Los Siete Estados, un ballet concebido por el coreógrafo y director del Ballet Nacional Chileno, Patricio Bunster, que reunió en un mismo espacio de experimentación al cantautor Víctor Jara, al compositor peruano Celso Garrido-Lecca, al Ballet Nacional, a la Orquesta Sinfónica de Chile y a una nómina imprescindible de la Nueva Canción Chilena y movimientos afines: Inti-Illimani, Isabel Parra, Los Blops, Patricio Castillo y el grupo cubano Manguaré.
El cantautor italo-argentino Piero falleció el miércoles 7 de octubre en Buenos Aires a los 81 años, después de más de seis décadas de trayectoria. Autor e intérprete de canciones como Mi viejo, Para el pueblo lo que es del pueblo, Que se vayan ellos y Pedro Nadie, desarrolló una obra en la que convivieron la canción popular, el compromiso social y un repertorio centrado también en la paz y la solidaridad.