Disco eterno
fuera de contexto
practicar
no te hace perfecto.
Poner un disco eterno
y moverme tornasol
me salí, me salí
fuera de contexto.
Un espíritu
a veces seguro otras veces incierto
quiero descubrir
por que este deseo crece.
Entre los dos pasa un meridiano
latitud medidas paralelas.
Abrir el sueño estéreo
crear la dimensión.
Sin disimular
me voy desnudando
con cada sonido
alta fidelidad
cuando este deseo crece.
Poner un disco eterno
con este sueño estéreo.
Porque este deseo crece.
(1995)
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.