Dulce compañía
no quiero nada cambiar
quiero quedarme tranquila
y saborear esta paz
Tengo un momento de calma
siento el peso ceder
de esta vida enredada
la desilusión y el porqué
Nada que venga de afuera
me puede hacer mas feliz,
como sentir tu mirada
tranquila sobre mí
Eres dulce compañía y mi alma tiene sed
me siento resucitada cuando tú me ves
Quiero quedarme sentada
ver tu silueta volver
quiero enredarme en tus manos
y sentir tu piel
No puedo explicarlo
cómo es que pudiste entrar
mi corazón cansado
no quería ya dar más
Nada que venga de afuera
me puede hacer mas feliz,
sólo sentir tu mirada
tranquila sobre mí
Me siento florecer…
(2006)
Abril de 2026. Una visita a Cuenca. La ciudad alta parece casi inalcanzable pero se va abriendo al paso del caminante y se descubre a pinceladas, se avanza lentamente con atención a los detalles, te va envolviendo su generosa ofrenda de ocres, una esencia dulce de calles antiguas, escenario de historias de vida que fueron y van arriba y abajo. Cuenca, refugio de miradas eternas que en sus horizontes van quedando guardadas, también en nuestra memoria. Cuenca, la de la piel quebrada por hoces y ríos, la que celebró en el siglo XX su poeta Federico Muelas, la que envejece y revive en el XXI y cada día.
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