Nada fue un error
no fue de casualidad
yo quería que nos pasara
y tú lo dejaste pasar
No quiero que me perdones
y no me pidas perdón
no me niegues que me buscaste
nada de esto...
Nada de esto fue un error
nada fue un error
Los errores no se eligen
para bien o para mal
no fallé cuando viniste
y tú no quisiste fallar
Aprendí la diferencia
entre el juego y el azar
quien te mira y quien se entrega
nada de esto...
(2002)
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.