Nada serio
¿Qué piensas niño? solo te quiero ver.
Quisiera pasar un día o más
perder el tiempo.
Haciendo de nada, ver el cielo caer,
verte a los ojos.
¿Qué piensas niño, qué te voy a hacer?
¿Qué piensas niño? solo te quiero ver.
Una vez nada más no fue suficiente
no es para asustarte
ven un poco hacia acá.
Deja las cosas pasar
no es nada serio.
Pero ya déjate de jugar conmigo así
(2003)
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.