A la muerte
En que los rayos se resbalan desde el cielo
Que la desdicha sale a hacer sus tropelías
En que la suerte viene a pregonar el miedo
En que las tumbas cantarán su lotería
Y zambullirnos al fatal: "no somos nada"
Con los pulmones repletos de "somos todo"
La eternidad es el precipicio del ahora
Ahora es tu todo
Y aun comprendido
Tan necesaria convivencia biodiversa
Al animal irracional más respetable
A los juristas ortodoxos de la lengua
Que siempre el verso va a sonarles deleznable
A los que cuelgan herraduras tras la puerta
Grito sereno que la muerte es una yegua
La muerte es una yegua
Blanca, cerrera,
Que no le importa la grandeza de caballos
Porque ella escoge quien la monta y quien la preña
Sin la promesa de estallido en otros años
Sin garantía genética de estrella
Hoy se me ocurre que el latir de corazones
Son negativos movimientos de cabeza
Contradiciendo a los suicidas desde dentro
Pero son niños jugando a los escondites
Y usan la sangre con tal de ser descubiertos
Ahora comprendo
El vuelo hermoso de las aves de rapiña,
Jamás emigran si al final somos su presa
Saborear lo que ha quedado de importante
Y me pregunto van a riesgo de tormento
¿Que dimensión tendrán los ojos del causante
Cuando se haga realidad su testamento?
Palabrerías...
Palabrerías...
Porque en verdad su voluntad será ir riendo
Acompañado de los miembros más brillantes
Del cielo grande que es el último recuerdo
El último recuerdo...
Eli, Eli, ¿Lema sabactani?
La cantante mallorquina ofreció en el Palau de la Música de Barcelona, dentro del festival Guitar Bcn, un concierto de intensidad creciente en el que L’aigua no cansa, su nuevo disco, se convirtió en el auténtico centro del repertorio. Arropada por una banda de músicos extraordinaria, Maria del Mar Bonet volvió a demostrar que, cerca de cumplir sesenta años sobre los escenarios y los ochenta de vida, sigue instalada en un momento creativo y vocal fuera de lo común.
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