Navegando a la deriva
ya eso todos lo sabemos.
Que es bien fina la frontera
entre el cáliz y el veneno.
Que van mal las emociones
si se enferman de mentiras.
Que ir derecho es aburrido,
que ir torcido nos cautiva
navegando a la deriva.
Los muchachos en la esquina
discutían furiosamente
si Eva fue primera puta
o Adán, el débil de mente;
y en teológica porfía,
en polémica ferviente,
del principio del principio,
humo y polvo en su cabeza,
los gobierna, la serpiente.
Y quebrar
el volar,
y la tierra les parece el aire
y es por eso que se arrastran,
se invalidan, se retuercen,
aplastando siempre más
cuanto jardín se les florece.
Y sentir
que salir
está luego de la última escapada,
del regreso de la nada,
y de una voluntad que ya no tiene.
Tómame la mano ven y sal,
ven y sal que se puede.
En los labios de la muerte
van los besos más divinos.
En sus manos las caricias
con anillo de oro fino.
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