Viva Boca
la tierra del chamamé,
que lo cantan con cariño
y lo bailan con placer.
Ahora en Buenos Aires
me divierto con amor
cuando voy por los domingos
a ver jugar a un campeón.
El cuadro que yo les nombro
tiene camiseta azul
con una franja de oro
y estrellas de norte a sur.
En el arco de mi cuadro
el que ataja es un cantor
que canta porque le gusta
los Chamamé de mi flor.
Los que están en las tribunas
a coro cantan con él
cuando nuestra delantera
los goles suelen hacer.
Boca, Boca, viva Boca
cantan todos con primor,
dale Boca, viva Boca
el cuadrito de mi amor.
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Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.