Un par de minutos
me debo parar un momento y volverte a ver
allí, frente a mí, al hablar tus labios inquietos,
fijé la atención de mis ojos en tu piel.
La imaginación que voló, y pensé en besarte,
hacerte callar y romper el instante aquel
de poca certeza y cerrar aquel disparate
de conversación, por si acaso se hacía cruel.
Aquella cena terminaba
con la tensión de una total incertidumbre…
Y ya en la calle tú fumabas,
a la salida, como suele ser costumbre.
Yo caminaba y te miraba,
mientras pensaba "ojala no me derrumbe".
Tú sonreías y me bastaba
para enfrentarme a toda una muchedumbre.
Tus pasos sonaban de fondo, como un estruendo,
la calle vacía de gente, pensé en volver
a hablarte de mí o tal vez en salir corriendo,
para terminar con el miedo a poder perder.
Y todo pasó en tan sólo un par de minutos,
la noche del jueves paraba, se me hizo un mes
de pocas palabras, de un silencio absoluto.
Tú me besaste entonces yo te abracé.
Aquella noche se tornaba
de pronto en día de gran sol y de colores,
todos mis miedos se marchaban,
pues nos sentimos los dos como vencedores.
Y desde entonces en mi recuerdo
se han guardado dos minutos imborrables,
que no se olvidan y que hoy quiero
contar que un jueves se hicieron interminables.
Para María, desde aquel 11 de Noviembre.
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