Cantares campesinos
para contar una historia
que no inventó mi memoria
pues vivimos la experiencia.
La poesía es mi ciencia
que amo y trato con respeto;
y si algún crimen cometo
no es mi justo protestar
sino el quererme expresar
siendo casi analfabeto.
Nicomedes Santa Cruz
es mi nombre verdadero.
Soy agricultor, cañero
y mi patria es el Perú.
Toda América del Sur
tiene esperanza en mi tierra
pues libramos dura guerra
contra vil oligarquía
que impuso su tiranía
en la Costa, Selva y Sierra.
Tres siglos de coloniaje,
siglo y medio ’e plutocracia
sufrió mi pueblo en desgracia
por esclavismo salvaje…
Hoy le rindo mi homenaje
a Nuestra Revolución.
Y al iniciar mi canción
a nombre mío y mi gente
doy anticipadamente
mil gracias por la atención…
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Paso a Nuestro Amo y Señor
A ver, respóndame, hermano:
si esta fue tierra ’e los incas
¿de dónde hay dueños de fincas
con títulos en la mano?
Pa’ mí que al pobre serrano
le vienen tomando el pelo.
Acequia, puquio, riachuelo
todo en títulos se fragua.
¿De ’ónde tiene dueño l’agua?
¡El agua la manda el cielo!
Primero fueron las mitas
y encomiendas coloniales,
más tarde, los gamonales
robaron chacras y fincas.
Ora hay haciendas tan ricas
pa’ solo un dueño o pa’ dos
y gritan a toda voz
que heredaron de su padre…
¡Que no me vengan, compadre,
la tierra la puso Dios!
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Mansión del señor feudal
fue la enorme Casa-Hacienda
construida en la encomienda
de la era colonial.
Allí, un matón caporal
fue la perfidia encarnada.
Y al son de una campanada
que con la aurora tañían,
hasta los niños corrían
a hacer la dura jornada…
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Dulce es la voz del cañero
donde la azúcar fue amarga,
libre de la injusta carga
del magnate azucarero…
Ya no hay más el niño-obrero
ni la triste mujer-peón.
Hemos echado al patrón
que comió nuestra pobreza
y hay pan caliente en la mesa
y está caliente el fogón.
Pero hace mal quien confía
y espera que el oligarca
se marche de esta comarca
sin tramar su felonía.
La maldita oligarquía
a veces cambia de cara:
Se agazapa, se prepara
sobornando al dirigente,
o cual traidora serpiente
desde las sombras dispara.
Apátrida financiero
no tiene más patria o cuna
que el lugar de su fortuna
en cualquier Banco extranjero.
Exportado ya el dinero
o en parientes repartido,
no llora el agro perdido
pues salvó plata y salud.
Ve al Pueblo amo del Perú
y llora su orgullo herido.
Alerta pues, campesino,
que la oligarquía acecha
dispuesta a abrir una brecha
en nuestro triunfal camino.
¡A la obra, hermano andino!
¡A la obra, pueblo agrario!
¡A la obra, universitario,
que la América del Sur
confía en este Perú
nuevo y revolucionario!
(1971)
Décimas
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