La Atamisqueña
Me atas el corazón
Será por eso que vuelvo
Llenos de sueños llenos de amor.
Atamisqui que misquiata
Me atas el alma y el corazón
Será por eso que vuelvo
Con mis recuerdos, sueños y amor.
Vendré buscando dulzuras
Coplas maduras, coplas de sol
Cuando la vidala nueva
Por las trincheras queme un dolor.
Me han de upayar los recuerdos
Y el verso viejo vuelvo a escuchar
Manuel Roldán Venavídez
Tus glorias viven en el lugar.
Atamisqui a todos atas
Pero desatas coplas de amor
Cuando golpeando muy hondo
Suenan las cajas del corazón.
Atamisqui de chilalo
De miel de palo, doca y mistol
Tierra Siempre enamorada
Dulce y salada, salitre y sol.
En telares de esperanza
Chusi si manta todo color
La mujer atamisqueña
Entre sus penas teje un amor.
Con chacareritas quichuas
Fogón y quinchas todo sentir
Los criollos de pampayasta
Sus penas gastan, bombo y violín.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.