Amargo de caña
de mi río que corta una tarde naranja.
Cuenta un sauce llorón
que la oía cantar junto al agua dorada.
Miel del litoral, río tibio, calor,
un sabor que no alcanza.
Corre la canción por mis pagos de allá,
agua dulce y salada.
Ay, lo que vino a pasar
nada más por mirar una astilla quebrada.
Ese tren se salteó la parada esperanza.
Norte, trigo y calor
una brisa arrimó un amargo de caña.
No se oyó al cardenal anunciando
que ya levantaba la helada.
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