La potranca zaina (o La potra zaina)
de linda potranquita con ojos soñadores;
colita de caballo, andar pasitrotero,
de crines muy hermosas, corría por los esteros.
No conocía el dolor, no conocía el corral,
solo quería vivir por el palmar.
Era una potra muy singular, no conocía el amor,
No conocía el corral, no conocía el bozal,
sola quería vivir por el palmar.
Era una potra zaina, la flor de la llanura,
caballos y potrones sufrían por su hermosura;
paseando en la sabana en las noches de luna,
coqueta se miraba su sombra en la laguna.
La potranca al fin se descuidó
y un día primaveral a orillas del palmar
en un lazo cayó, la zaina así perdió su libertad.
No quiere el freno morder, ni la montura llevar,
riendas no quiere sentir, ni que le pongan bozal;
y cuando está en el potrero, oye silbar al gavilán,
se escucha la potranquita triste llorar.
A esa potra la voy a domar, la enseñaré a querer,
la enseñaré a llevar el freno y el bozal
y luego le daré su libertad.
En este mundo actual dominado por una élite de tiburones ávidos de sangre y dinero, forjadores de un mundo autoritario, genocida, explotador y censor, Silvio nos trae desde su bloqueada isla, nuevas y viejas canciones como si hubieran sido escritas anteayer para darnos un abrazo de esperanza, esperanza, esperanza blanca, roja o negra pero con amor.
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