Granito de sal
fue la primera rumbera
en sacudirle el polvo
al Paralelo.
La canción cubana
estaba en su apogeo,
eran tiempos dorados
de frenesí marinero.
Granito de Sal
era la estrella más grande
en aquel firmamento
de cuplé y de cante.
Agitaba el mundo
desde sus caderas
con un baile bravo
y canastero.
Quiero que vuelvas un día
para cantar a oscuras,
tú, con tu voz de barítono
me enseñarás la luna.
Quiero que vengas conmigo
para bailar a oscuras,
tú, con tus sueños rotos
y yo con mi cintura.
Granito de Sal
ha vuelto de nuevo
en la voz de una niña
de ron y caramelo,
que baja del barrio
donde las calles trepan
y ponen a la luna
contra las cuerdas.
Quiero que vengas conmigo
para bailar a oscuras
yo con mis sueños rotos y tú
con tu cintura.
Granito de Sal ha vuelto de nuevo
para cantar suaves canciones
con su acento pachanguera, yé, yé,
Granito de Sal ha vuelto de nuevo,
quiero juntar tu rumbita chava
con mi acento milonguero, caballero.
Granito de Sal ha vuelto de nuevo,
que desgracia, que penita total,
mira que no verte yo primero, caramelo...
Granito de Sal ha vuelto de nuevo.
La cantante mallorquina ofreció en el Palau de la Música de Barcelona, dentro del festival Guitar Bcn, un concierto de intensidad creciente en el que L’aigua no cansa, su nuevo disco, se convirtió en el auténtico centro del repertorio. Arropada por una banda de músicos extraordinaria, Maria del Mar Bonet volvió a demostrar que, cerca de cumplir sesenta años sobre los escenarios y los ochenta de vida, sigue instalada en un momento creativo y vocal fuera de lo común.
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