Tal vez sea yo el error
sólo el silencio -sin embargo el silencio expectante-
Contemplamos ilesos el accidente
tal vez sea yo el error,
el accidente,
la estatua
corporativa la moral
en su obviedad lo neutro lo secundario
los criterios formados en la era del múltiple.
Y cuando todo nos falla nos queda la poesía
iluminada su presencia
como un río que viniese a besar esta provincia enajenada
cariñoso salvaje sometido corazón saciado encima de mi sombra
qué difícil subir a tientas la escalera.
Sin embargo la cordura -el estilo-
La austeridad que goza del favor de la concordia.
Preciso en lo inesperado
en los límites la lucidez.
Una luz puntual donde nace la corriente -la palabra y el número-
la palabra que canta de la mar el amor que profeso
el tanteo el intento la ola
la madre en cuanto a distancia que nos da el origen.
El cinco ha quedado atrás
no obstante las mareas se precipitan
el horizonte se alarga y nos muestra el ocaso
el universo se convierte en vocales
la ascensión del cópul
su itinerante -el ave- el alma -los reflejos-
las simpatías de los opuestos y los embarques
ellos van a donde nosotros ya estuvimos
en el propósito de continuar
no cesaré en el empeño hasta convertir el territorio en mi estatura.
Difiero de su parecer
no me gustan los adverbios
sus adyacentes estatuas
la impresión moral de su geografía restaurada.
Pasa el viento lento
y sus sombras se deslizan con suave complacencia en la corriente
unívoca la voz
de encendidos tonos de color las mareas
las maneras y el modo
la intuición
el estilo -el instinto- la gracia
en el lugar -no en la hora-
en el lugar estaré siempre atento
pero no dejaré nunca que la forma llegue al fondo para que todo siga igual.
El narrador divaga
y se muestra con cautela ante lo inesperados
preciso en la contemplación.
En el sedal de la fiebre hay una escalera blanca
Oscurece
Sube la temperatura y en los altibajos crece el fantasma.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.