Como arbolito en otoño
Sin hojas ya estoy quedando
Las flores que yo tenía
De a poco te fui entregando
Quién lo hubiera sospechado
Que en tu pecho se escondía
Un corazón de quebracho
De piedra más bien, diría
De agua y sal mojé un pañuelo
De amor la luna moría
De agua y sal bañé mis ojos
Que nunca más llorarían
Una lágrima he guardado
Una gota de esperanza
Para ponerla en tu boca
Si regresaras mañana
Como un campo con escarcha
Así me has dejado el alma
Arena, seco y sediento
Mi corazón se desangra
Un cuchillo me has clavado
Y es muy profunda la herida
Pero es tal mi mala suerte
Que me dejaste con vida
Las flores que yo tenía
De a poco te fui entregando
Como arbolito en otoño
Sin hojas ya estoy quedando
Una lágrima he guardado
Una gota de esperanza
Para ponerla en tu boca
Si regresaras mañana
Abril de 2026. Una visita a Cuenca. La ciudad alta parece casi inalcanzable pero se va abriendo al paso del caminante y se descubre a pinceladas, se avanza lentamente con atención a los detalles, te va envolviendo su generosa ofrenda de ocres, una esencia dulce de calles antiguas, escenario de historias de vida que fueron y van arriba y abajo. Cuenca, refugio de miradas eternas que en sus horizontes van quedando guardadas, también en nuestra memoria. Cuenca, la de la piel quebrada por hoces y ríos, la que celebró en el siglo XX su poeta Federico Muelas, la que envejece y revive en el XXI y cada día.
La cantautora de Tortosa repasa el significado de su nuevo triple álbum, explica el simbolismo de Groenlàndia, reivindica el papel del BarnaSants en su trayectoria y recuerda el concierto con el que clausuró la 31ª edición del festival junto a la Banda de Música de La Sénia.
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