Chanson
El estremecedor sudeste asiático
se asoma apenas a la moda.
Cosa vana que varios millones de amarillos
se abalancen y expandan sobre otros,
cuando sólo se trata de una remota
especie de existencia amarilla.
Pero a París llegaron hacedores de cultos
y en favor de París hicieron trueques
con la estrellas y los sortilegios.
A París ha llegado un continente
(Hay quien apunta que no descubierto)
y ha preguntado por si mismo
para exhalar un oh definitivo
a su propia mentira que responde.
¿Que viene a ser esta ciudad cantada,
educada, violada por el hombre?
¿Sólo dolor paciente que construye?
¿Una puta elegante que se preña de
testamentos, ritos y semblanzas?
¿Un inventario de sucesos rígidos
para otro inventario de mirones?
¿La costra del Edén o del Olimpo,
Altura un poco terrenal, posible
para que alguno tenga certidumbres
y otros recias patadas en el rostro?
Nada pasa en París.
Y todo ocurre.
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