Hay días
cercana a las arterias la cuchilla,
la angustia haciendo un hueco en el cerebro
y la sal acariciando la mejilla,
un bao a tempestad en el aliento,
el párpado rondando pesadillas,
un ojo al desamor desde el comienzo,
veneno a naufragar lejos de la orilla.
Es día de pulir los anteojos,
de atarse la cordura al calzoncillo
hallarle el sitio justo al receloso
y el alma presta al roce del gatillo
es día que ha de andarse con cuidado
porque una distracción sería terrible,
el nervio cual caballo desbocado
transforma la pasión, falla el desquite.
Se puede confundir lengua y espada
y credo y trampolín la misma cosa
patíbulo y error, piedad y rabia,
castigo con la suerte que te toca,
se puede confundir caricia y nausea
cadalso y oficina, hierro y trigo,
el monte y trasparencia, piedra y grava,
verdugo y confesor, sollozo y río.
Se pueden confundir canción y bodrio,
espina con puñal, cielo con techo,
canalla y compañero en uno solo,
consejo y maldición al mismo lecho,
herida y vanidad de un solo lado,
vergüenza y mascarada descubierta,
envidia con picota y atentado,
conciencia y comprensión con marioneta,
mi verso con mordida al intelecto,
delirio en soledad lo que se esconde,
y la felicidad con camisero,
futuro y vocación con automóvil.
Es día de vencer en la impotencia
al ángel y al arrastre del veneno
es día de imponer a la prudencia
el sentimiento, el corazón y el fuego.
(1980)
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