Yo tengo un amigo
que aguarda mi vuelta,
con una sonrisa y
un sabor a fiesta.
Que pone su ingenio
donde va mi mano
y me da su verso
a cada verano.
Yo tengo un amigo,
que decir, austero,
forjador de penas,
morador de anhelos.
Que comparte el frío
de las despedidas
con el seco abrigo
de su voz vencida.
Yo tengo un amigo
que ríe conmigo,
que no anida en ojos
para mi castigo.
Que me da su apoyo
sin cobrar embargos,
que conozco poco
y que conozco tanto.
Yo tengo un amigo
que peca de duende,
que me llega y luego
se desaparece.
Que una vez parece
en la bondad herido
y otras, una flor
que acariciara un niño.
Yo tengo un amigo
sin edad ni nombre,
que tiene un camino
como cualquier hombre.
Si acaso a lo lejos
la nostalgia quema
un viento indiscreto...
mi canción le lleva.
(1976)
Abril de 2026. Una visita a Cuenca. La ciudad alta parece casi inalcanzable pero se va abriendo al paso del caminante y se descubre a pinceladas, se avanza lentamente con atención a los detalles, te va envolviendo su generosa ofrenda de ocres, una esencia dulce de calles antiguas, escenario de historias de vida que fueron y van arriba y abajo. Cuenca, refugio de miradas eternas que en sus horizontes van quedando guardadas, también en nuestra memoria. Cuenca, la de la piel quebrada por hoces y ríos, la que celebró en el siglo XX su poeta Federico Muelas, la que envejece y revive en el XXI y cada día.
La cantautora de Tortosa repasa el significado de su nuevo triple álbum, explica el simbolismo de Groenlàndia, reivindica el papel del BarnaSants en su trayectoria y recuerda el concierto con el que clausuró la 31ª edición del festival junto a la Banda de Música de La Sénia.
El nuevo libro Mig segle vora el drac. Una història del grup Falsterbo de Miquel-Lluís Muntané reconstruye más de medio siglo de trayectoria de Falsterbo, uno de los grupos fundamentales —y el más longevo— de la Nova Cançó, y, a través de su historia, recupera una parte esencial de la memoria musical y social de Cataluña.