Días de sombrillas
y sus horas que eran mías,
y mis labios en su piel.
Y el aroma de ese perfume indiscreto
que acostumbraba en el cuello
donde tanto le busqué.
Me gustaba su llegada y la esperaba
asomado a la ventana desde donde veo pasar
el vaivén de un mundo tan desconocido
que no sé si la he encontrado allí,
o quizá en otro lugar.
Me gustaban esas tardes y hallar en los parques
las bancas que le hacían lugar
a unos novios y a los otros,
que como nosotros,
también lo íbamos a intentar.
Me gustaban las bombillas, los días de sombrillas,
y tener su mano después,
Ay, y cómo me gustaba besarla y mirarla,
y volverla a besar otra vez.
Me gustaba la llegada de las horas de llover.
Y me gustaban su prisa y cómo flotaban sus pies.
Y aunque a días sus imposibles me los contagiaba a mí
le conservo en la fotografía que no le devolví.
Ella hoy vive donde aguardan mis recuerdos
y a otra, que es muy parecida, me ve con ojos de ayer
yo sé que ya no es la misma, pero entiendo,
que hay algunas ocasiones que me gustaría volver.
(1996)
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