Caserón de tejas
Caserón de tejas
Te acordás, hermana,
De las tibias noches
Sobre la vereda
Cuando un tren cercano
Nos dejaba viejas,
Raras añoranzas
Bajo la templanza
Suave del rosal
Todo fue tan simple
Claro como el cielo
Bueno como el cuento
Que en las dulces siestas
Nos contó el abuelo
Cuando en el pianito
De la sala oscura
Sangraba la pura
Ternura de un vals
Revivió, revivió,
En las voces dormidas del piano,
Y al conjuro sutil de tu mano
El faldón del abuelo vendrá
Llámalo, llámalo,
Viviremos el cuento lejano
Que en aquel caserón de Belgrano
Venciendo al arcano nos llama mamá
Barrio de Belgrano
Caserón de tejas
Dónde esta el aljibe
Dónde están tus patios
Dónde están tus rejas
Volverás al piano
Mi hermanita vieja
Y en las melodías
Vivirán los días
Claros del hogar.
Tu sonrisa, hermana,
Cobijo mi duelo
Y como en el cuento
Que en las dulces siestas
Nos contó el abuelo
Tornará el pianito
De la sala oscura
A sangrar la pura
Ternura de un vals
(1941)
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.