Chilenos
y el viento llevaba lejos hojas tristes solamente.
La bandera medio izada, campanas doblando a réquiem.
Allende era un magnetismo poderoso de La Habana, que bajito sollozaba.
El exilio es un camino difícil de contra marcha
penitente y arraigado.
Me regalaron a Víctor, supe de Violeta Parra.
Y en Alamar los balcones una cueca susurraban
y Neruda fue el poema veinte de la madrugada.
Y a dónde fuiste a dar con tu equipaje de sol
a mi tierra, señor.
Con sus casitas pequeñitas y con balcón y cartilla, señor
palomar de la tristeza y en sueños poder volver.
Tus hijos van de rojo a la escuelita mejor
pañoletas de amor.
Perdieron el acento y la afición al fútbol, ahora juegan béisbol
con negritos cenicientos, a la hora de los recreos.
Algunos no entendieron ese estatus de extranjero
y se fueron a buscar algo mejor.
Cada uno por su banda fueron a parar a Holanda
o a países de una nórdica región
pues de momento allí no hay racionamiento
y hay autobuses vacíos, y el calor es más pasable que en el mío.
Me enamoré del charango y de mujeres chilenas.
Y me aprendí en las noches el misterio de las quenas.
Y supe de los suicidas y de las cartas que llegan.
Y adiviné la esperanza bajo la humedad eterna
de aquellos ojos canela.
Discuten en sus peñas las ideas con que sueñan
La política, la vida y el folklore
y a veces no hay concilio el parlamento en el exilio
tiene mesas separadas por partidos, casi nada.
Muchas veces no concuerdan
y mi mente nunca llega a comprender esos matices de la izquierda.
Pero todos se alegran al saber que en Isla Negra
los amantes graban protestas de amor.
Que se oyen como el rayo las cazuelas en Santiago
y que el sur será posible con valor
como un delirio, creer en el des-exilio
y el imperio de los nuevos chilenos.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.