Melilla
y a dónde vas,
qué estás buscando
hija de Alá.
Hay en tu ojos
tanta ansiedad
y tienes años
para jugar.
Por no encontrar la luna en cielo de Marrakech
navegaste mil mares sin espuma,
creyendo que la suerte consistía en escoger
dejaste atrás lo sueños y las dunas.
Y apagando candiles que te negaban su luz
metiste tus deseos en un barco
pero se amotinó la noche y la tripulación
hizo cola en la puerta de tu cuarto.
En la calle donde todo se vende y se da
un chico de uniforme te dijo "salam",
adoró esa boquita de jazmín en flor:
pero no quiero besos, deseo
que tus labios me coman entero,
mi amor.
Del valle a la mezquita, de la playa al mar
los caminos conducen al mismo lugar.
Los soldados se saben muy bien la canción
pero no quieren besos, desean
que tus labios les coman enteros,
mi amor.
Y en esta hora
a dónde irás,
tanto has buscado
tanto probar
los elixires
de la maldad
y no encontraste
tu manantial.
Si no brilla la luna en el cielo de Marrakech
y Melilla es desierto sin oasis,
si los barcos no ofrecen ninguna seguridad
y si la hay, sale caro el pasaje.
Me han dicho que te vieron buscando con quien jugar
donde te bebe la niñez a tragos
pidiendo por el cielo, por Mahoma y por Alá
que alguien apague el fuego de tus labios.
Y en la calle donde todo se vende y se da
ya no hay que nadie que a tu paso te diga "salam"
no quieren tu boquita que se marchitó
de tanto morder el deseo
mientras alguien gritaba no pares,
mi amor.
Y es curioso que aún sueñes con desenredar
la maraña del tiempo y echarlo hacia atrás
que tal vez queda algo aún por estrenar
unos brazos que te alcen del suelo
y una voz que te salve de la tempestad.
Unos brazos que te alcen del suelo
y una voz que te salve de la tempestad.
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