El viejo pino y yo
Un día perdido, allende mi casa
En un olvidado terreno baldío
De mudos sonidos del que erguido se alzaba
Tal vez la costumbre me unió a su figura
De antigua factura, larga y desgarbada
Que desde la altura velaba mis juegos
En los días buenos que formaron mi infancia
Aquel viejo pino, sereno gigante
Gentil habitante algo ausente de ramas
Eterno cobijo de aves pasajeras
En locas carreras en busca de alas
Fue un mudo testigo del cambio sufrido
En el rostro escondido del cordial Barrio Matta
Donde trascurrieron mis pasos primeros
En los días buenos que formaron mi infancia
De pronto su vida se desvaneció
Cuando el hombre llegó irreverente homicida
Y así el viejo pino de la altura cayó
Con su mudo dolor, acusando una herida
El gentil habitante recostado quedó
Intentando un adiós con la vista hacia arriba
Cuando el sol en lo alto se empezaba a extinguir
Anunciando entre llantos que la tarde se iba
Cuanto nos pena la palabra adiós
Que cruel condena puede ser la distancia
Aquel viejo pino quizás a donde marchó
Y con él se fue parte de mi infancia
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