Alina, por ahora
te paras esta noche
y has escogido un ángulo difícil
para verlo.
Hoy quieres caminar
un poco lejos de tu vida,
de la vida que día tras día
se te hace aburrida.
Alina, temprano te cansas.
Tus diecisiete años
han crecido en este marco
en que valores viejos
y valores nuevos andan.
Presta mucha atención
a lo que tomas y que dejas,
pues siempre algo se lacera
algo hay que dejar a un lado.
Alina, ojalá sobrevivas.
Podría hablar por mí,
pero soy un ejemplo cercano.
Podría hablar por mí,
no por viejo: tengo pocos años.
Es cierto, perdona, me callo.
Yo no te recomiendo
ecuanimidad ni dudas:
yo no quiero salvarte de
peligros inminentes.
Sólo quiero saber
las dimensiones de tus ojos
por si algo un día te sale mal
que no culpes a un inocente.
Alina, mantente despierta.
Sigue hacia donde vas
y que tus pies no te traicionen.
No vayas a retroceder
a los primeros golpes.
No te hablo por hablar,
pero no escuches demasiado,
ya mis huesos se están soldando,
ya hago concesiones.
Ay, Alina, qué tarde apareces.
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