Jesús es condenado
como es Pascua,
deja libre al salteador,
Barrabás.
Pilatos ordena entonces
que lo vayan a azotar,
y con corona de espinas
a rey lo coronarán.
Sale de nuevo Pilatos
comunica a los judíos,
“Aquí tenéis a este hombre,
yo no le encuentro delito”.
“Crucifícale, crucifícale,
crucifícale, crucifícale”.
Vuelve Pilatos a Jesús,
y le dice “¿Qué respondes?
Tú mismo puedes salvarte
o puedes crucificarte”.
“Crucifícale, crucifícale,
crucifícale, crucifícale”.
Pilatos quiso librar
de la cruz al Nazareno,
a los judíos decía:
“Dejad a este hombre
que es bueno”.
“Aquel que se ha dicho rey de los judíos,
es enemigo del César.
Crucíficale y pronto”,
gritaban como unas fieras.
“Aquí está vuestro rey,
es el rey de los judíos”,
dijo Pilatos en la puerta,
defendiendo al perseguido.
Nada podría salvarlo,
se cumplía la escritura.
Ya va camino al Calvario,
se acerca a la sepultura.
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