Trovadores
bajan de una estrella, de un sol,
y en sus manos posa el mejor color.
Estalla una flor, corriendo se va,
también del dolor nace una canción:
por esos parajes va el trovador.
Va inventándose, quién sabe cuánto:
por todas parte su vida salta
y se va encontrando;
cualquier cosa, una caricia, un buen momento
puede ser todo su contento.
Todo su poder lo inventa el amor:
su camino se hizo de la razón,
de la multitud y de la incomprensión.
Y nadie sabrá dónde puede estar:
de pronto aparece en aquel lugar
donde su pasión tiene que labrar
Va ilustrando todo lo que sabe que su canto
desata, rompe y le cuesta tanto;
tantas cosas: una caricia, un gran momento
que pudo ser todo su contento.
Todo su poder lo inventa el amor:
su camino se hizo de la razón,
de la multitud y de la incomprensión.
Y nadie sabrá dónde puede estar:
de pronto aparece en aquel lugar
donde su pasión tiene que labrar.
Va ilustrando todo lo que sabe que su canto
desata, rompe y le cuesta tanto;
tantas cosas: una caricia, un gran momento
que pudo ser todo su contento.
Por ahí va inventándose,
quién sabe cuánto:
por todas partes su vida salta
y se va encontrando.
Cualquier cosa, una caricia, un gran momento
puede ser todo su contento.
La cantante mallorquina ofreció en el Palau de la Música de Barcelona, dentro del festival Guitar Bcn, un concierto de intensidad creciente en el que L’aigua no cansa, su nuevo disco, se convirtió en el auténtico centro del repertorio. Arropada por una banda de músicos extraordinaria, Maria del Mar Bonet volvió a demostrar que, cerca de cumplir sesenta años sobre los escenarios y los ochenta de vida, sigue instalada en un momento creativo y vocal fuera de lo común.
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