Hambre de quimeras
pero el color del agua va contigo
y hay páginas con hambre de quimeras
Tu sueño es un dolor pagado y vivo
una verdad burlando las hogueras
pasos de libertad sobre el olvido
mito quebrado magia que espera
que lleguen tiempos de voz
que el verbo vuelva a ser látigo y flor
trueque de la desidia en pan de las ideas
parto de luz que a tu canción condena
quizá libera
Trepar a tu virtud quiso el vacío
pero tus labios saben de otra escuela
desierta de mudez culta de bríos
Fatiga del temor sangre que suena
tus manos van untadas del hastío
si no es sano el amor no es buen mecenas
mito quebrado magia que espera
que lleguen tiempos de voz
que el verbo vuelva a ser látigo y flor
trueque de la desidia en pan de las ideas
parto de luz que a tu canción condena
quizá libera
Aunque no llueva tanto en tu pradera
siempre el color del agua va contigo
y hay páginas con hambre de quimeras
como decir amigo
(2003)
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.