El ministro
raudos van al ministerio, los vidrios polarizados.
Quién te ha visto y quién te ve, voy en voz alta pensando.
Ayer joven iracundo, hoy cerebro almidonado.
Me pregunto cómo pudo borrar así su pasado.
Años que no ha visto un pobre, sólo internet celular.
Del día que subió al auto, no lo ha podido bajar,
tanto así que su señora ha decidido zarpar
con un joven marinero, que la ha vuelto a hacer gozar.
Dígame, señor ministro, qué le hicieron que cambió.
Ayer cantó "Venceremos", hoy día pide perdón.
Fue locura adolescente y la situación cambió.
Gobernancia, protocolo, estadística, inflación,
y es el fondo monetario, las encuestas el patrón.
Fue así que perdió a sus hijos, y el perrito regalón
se lo comieron los pobres que alguna vez defendió;
Algo que le toque al pueblo, le dijo el gato al ratón.
Vamos a ver las noticias, pero sin mala intención;
está jurando un ministro, el otro se suicidó.
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La película documental dedicada a Fito Páez propone un recorrido íntimo y en primera persona por más de cuatro décadas de vida y trayectoria artística del músico argentino. Dirigida por Matías Gueilburt y construida a partir de más de un año de seguimiento, material de archivo inédito, actuaciones y conversaciones personales, la producción se estrenará mundialmente el 3 de septiembre en Netflix.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
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