Llamado
este litoral inmenso
donde la incomprensión clavó una garra.
Ven al refugio espinoso de mi hechura,
a esta mitad de espejo
que duplica el silencio
de todas mis catástrofes.
Ven, si quieres platicar
de mis cloroformados pensamientos,
de las inútiles esperas en noria sosegada,
de profecías quebradas
que no han logrado
deshilachar el viento.
Déjame contarte esta historia,
es necesario rememorar
los viejos calendarios
en cuyos pétalos amarillentos
salta este otoño que juega
con ser niño.
Ven, para que cierres
este litoral inmenso
donde la incomprensión clavó una garra.
Ven al refugio espinoso de mi hechura,
a esta mitad de espejo
que duplica el silencio
de todas mis catástrofes.
Desahuciado del mundo te llamo…
Ven...
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Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.