Nube blanca
¿Y ahora qué, emigrante golondrina de diciembre?
¿Y ahora qué, si no dejaste ni una clave ni un consejo,
si la ventana quedó abierta y entra un frío
que se hace dueño del verso y lo congela?
¿Y ahora qué, pedazo enorme de cielo, qué?
¿Y ahora qué, sortija sepultada en el oleaje?
¿Y ahora qué, sombra de este árbol,
milenario y gigantesco?
¿Qué hacer con tanta ternura que se aferra,
que no se muere, que insiste, que se queda?
¿Qué hacer si el mar persiste y rompe con más fuerza?
¿Qué hacer si el sol me quema este último verano?
¿Qué hacer si el viento te rehace aquí, en la arena?
¿Qué hacer si vuelvo a descubrirte de regreso?
¿Qué hacer con tantos girasoles en las manos?
¿Qué hacer con estos tramos de paisajes que resisten?
¿Qué hacer con estos cientos de retoños en la almohada?
¿Qué hacer si vuelvo a descubrirte de regreso?
¿Y ahora qué?, nube blanca de aquel día. ¿Qué?
¿Y ahora qué, qué voy a hacer, qué puedo hacer conmigo?
Canción
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.