Nos quieren dejar sin pinol
a aquella gente que va para el brete,
siempre te encuentras un agujero,
alguien sentado en el banco de miedo,
bocas pasándose flores con polvo y amor.
Cuando vas por la calle, cuando ves los chateles
metiéndose un subidón con su vaso de pega,
no te das cuenta no, no, no tomas cuenta,
que es una foto de mierda que causa dolor.
No te das cuenta no, no, no tomas cuenta,
que es una foto de mierda que causa dolor.
No te das cuenta no, no, no tomas cuenta
y es que el sistema nos quiere dejar sin pinol.
Suelta tu boca, suelta tus manos
y que no piensen que pueden domarnos,
salte a la calle a ver qué pasa,
y es que el sistema nos quiere dejar sin pinol.
Será que al fin se va a cumplir mi sueño,
será que al fin voy a perder el miedo,
será que el laberinto de mis dientes se abrirá,
se abrirá a mi mar.
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Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.