Un día en la ciudad
y liarte con una prostituta.
Puedes unirte a los cientos de apasionados ojos
que observan mujeres haciendo el amor en blancas camas
sentados en las tristes butacas de un cine.
Puedes ir al parque de atracciones
y colgarte de la luna montado en una noria.
Puedes ir al teatro,
allí las lágrimas inundan los palcos
y salpican alegremente a don Juan y doña Inés
Puedes meterte en un vicio
y gastar tu dinero entre máquinas y humo.
Puedes salir con tu novia,
cogerle la mano
y pasear por las largas calles.
Puedes ir a una discoteca,
sentarte en una silla y fumar
mientras oyes música muy estridente.
Puedes quedarte en casa,
dormir, callar y comer,
coger una borrachera de whisky
o morir e intentar resucitar.
Puedes llorar y bañarte con tus propias lágrimas.
Puedes sentarte en una esquina y reírte de la gente.
Puedes ir al parque,
y leer un libro tumbado en un banco.
Puedes colocar una bomba y matar a miles de gentes.
Puedes beber y fumar en una sucia taberna.
También puedes quedarte quieto
y esperar que alguien te mate,
que alguien se ría de ti y se pinte con tu sangre.
¿Qué prefieres?
¿Por qué te has callado?
¡Ah! Creo que te comprendo.
Has decidido quedarte en casa y llorar
(1979/1980)
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