Entre nieblas
entre edificios y calles,
como semilla que nace,
resurgía un tagoror.
Entre asfalto y polución,
rascacielos y comercios,
bajo la niebla del cielo,
se encontraba el tagoror,
El mencey y los ancianos,
como ignorando aquel mundo,
como los riscos, desnudos,
discutían los tratados,
discutían del progreso,
el olvido de costumbres,
edificios en las cumbres,
propagandas y dinero.
El mundo está como loco
y hay cosas que resolver,
al pasado hay que volver
agua limpia del arroyo.
Ya estaba saliendo el sol,
en un rojo amanecer,
ya estaba el día al caer,
se alumbraba el tagoror,
llegaron viles tiranos,
deteniendo la velada,
con sus caballos y espadas,
el tagoror destrozaron.
Yo también me desperté
sobrecogido y llorando,
y voy mi sueño contando
por dondequiera que esté.
Yo no olvido la alegría,
ni tampoco la tristeza,
yo no olvido la belleza,
y menos la tiranía.
Yo no olvido que una tarde
cuando se ponía el sol
yo vi alzado un tagoror
entre los picos del valle.
Y aunque los viles tiranos
destruyeran su verdad,
yo no olvidaré jamás
a mi tagoror alzado.
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