Un barrio
hoy vuelve a amanecer
sobre la plaza,
sobre la ropa que hay tendida en las terrazas
y un canto de gorriones por doquier.
Empieza a clarear
y el sol se ha echado a andar anaranjado,
sacando brazos a través de los tejados
como, si en realidad,
quisiera unir el barrio a la ciudad.
Y mientras van abriéndose
las flores, los cafés
y las orugas,
alguien se acerca con un bote de pintura
y vuelve a dejar muda una pared.
Y las mujeres van
al horno a por el pan
recién cocido,
para ponerle alguna cosa a sus maridos,
que irán a trabajar...
los que están sin trabajo van al bar.
A la mañana le da igual
si el aire es de cristal
o de cemento,
si las moreras se secaron hace tiempo
o se llena de grietas un portal.
Ni busca explicación
al reto de un buzón ennegrecido,
ni se detiene ante la sangre de un herido,
debajo de un bidón.
Ni oye en el asfalto
un galope de herraduras
que cruzan por la plaza para ver
si el sol sigue en lo alto
y la mañana continúa
tan dura y tan incierta como ayer.
(1978)
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