Vino y besos
que me sé tu cuerpo entero de carrerilla:
el mapa de tus lunares,
las vueltas que da tu pelo,
la forma de tu rodilla.
Y cuanto más tengo más quiero yo.
¡Ay!, me paso la noche en vela
pá mirar como un chiquillo
como se pone la luna
por detrás de tus caderas.
Vino y besos...
y que se pare el reloj,
llena que llena el vaso de mi alegría.
Tu vinillo qué me ha hecho,
por las uvas de tu pecho
de ti me emborracharía.
Y entre la luna y el ordenador,
la televisión y la vida interactiva
por aquí ya no hay quien pase,
¡que me parta un rayo láser!,
que te fuiste de mi vida.
Y si no te tengo no vivo yo,
¡ay!, no sé cómo dar contigo.
Internet ya no me fía
y no tengo ni pa' sellos,
que si no, te escribiría.
Vuelve pronto, te necesito aquí
para que te encargues de esta melancolía,
de poner mi corazón en orden
y otras cosillas pendientes
que habrá que poner al día.
Que me muera si no te quiero yo,
que me sé tu cuerpo entero de carrerilla:
el mapa de tus lunares,
las vueltas que da tu pelo,
la forma de tu rodilla.
La película documental dedicada a Fito Páez propone un recorrido íntimo y en primera persona por más de cuatro décadas de vida y trayectoria artística del músico argentino. Dirigida por Matías Gueilburt y construida a partir de más de un año de seguimiento, material de archivo inédito, actuaciones y conversaciones personales, la producción se estrenará mundialmente el 3 de septiembre en Netflix.
El cantautor, escritor e intelectual italiano Francesco Guccini, autor de canciones fundamentales como Auschwitz, La locomotiva (La locomotora) o L’avvelenata (La envenenada), ha fallecido a los 86 años. Durante cerca de medio siglo, Guccini construyó una obra estrechamente vinculada a la memoria, la historia, el compromiso social, la literatura y una particular manera de observar las relaciones humanas y el paso del tiempo.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.