En los confines del alma
hay una extraña nostalgia que se disipa entre sueños.
Como un espacio vacío, como un sombrío desierto,
como una puerta cerrada de algún perdido desván del tiempo.
En los confines del alma, entre cajones revueltos,
entre montones de cartas llenas de polvo y misterio,
cubiertos por el olvido, vencidos por el destierro,
vagan amores perdidos, seres queridos que no volvieron.
Y en los confines del alma, y entre la niebla del tiempo,
entre ilusiones gastadas, entre canciones y besos,
vagan momentos vividos y algunos que no lo fueron,
enredados y escondidos en el perdido desván del tiempo.
En los confines del alma hay una llama encendida,
hay una voz que me llama hacia otra forma de vida,
hacia ese sueño lejano que se esfumó en el olvido,
que se escapó entre las manos mientras andábamos el camino.
En los confines del alma se junta el día y la noche,
se funde el fuego y el agua, el halago y el reproche;
se mezclan los desengaños con días de vino y rosas,
entre el ocaso y el alba, se llena el alma de mariposas.
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