María Coraje
Tiene un vestido negro y de madera negros pendientes.
Quince hijos parió su duro cuerpo
y trece amamantó del mismo pecho.
Tres se llevó la guerra, junto a la sierra se los perdieron.
Se los llevó la patria, con un aire triunfante cantó el correo.
Cinco días estuvo sin ver el cielo.
Su condena fue siempre, siempre el silencio.
Tuvo un hijo minero y una tarde sangrienta
envuelto en sangre y lodo se lo trajeron.
Con el paso tranquilo subió el camino del pozo negro
y al llegar al portón extravió la mirada y escupió al suelo
con el ceño fruncido bajó p'al pueblo
y pasó quince días sin ver el cielo.
Se le endulzan los ojos cuando recuerda su primer beso,
cuando estrenó vestido para el bautizo del primer nieto
y del viaje de novios y de su miedo
al entrar en la alcoba junto a su dueño.
Él se cansó una tarde de estar despierto
cuando estrenaba el campo su manto nuevo.
Tiene un hijo poeta, un carpintero y tres en Méjico,
otros dos en la mina, uno que es fraile y el más pequeño,
que siempre fue muy guapo, pluscuamperfecto.
Hoy es una flor tierna de invernadero.
Ella a todos cobija bajo su manto
y recuerda sus nombres y el cumpleaños.
(1970)
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