Cuando no pienso estoy pensando en ti
si miro el techo estoy pensando en ti,
es un regalo para los sentidos,
tener tan cerca siempre un espejismo.
Hasta mi sombra piensa siempre en ti,
toda mi sangre está pensando en ti,
mis desengaños, mis remordimientos,
y el fósforo que habita mi esqueleto.
Somos dos ríos que a la mar regresaremos,
cuando lo diga quien lo tiene que decir,
los que se quieren nunca tienen más secretos:
uno a otro van llenándose los huecos.
Cuando me alumbro estoy pensando en ti,
cuando me apago es que te vas de mí,
abres ventanas donde sólo hay muros,
llenas de luz cualquier rincón oscuro.
Mientras escribo estoy pensando en ti,
cuando respiro estoy pensando en ti,
pasa la vida sin ninguna prisa,
si un ojo duerme el otro vigila.
Yo te respiro como se respira el aire,
que ocupa todo aunque no esté en ninguna parte.
Sé que hay milagros que no pueden explicarse:
nada más bello que la nieve cuando arde.
Cuando no pienso estoy pensando en ti,
nadie me obliga y pienso mucho en ti,
porque te quiero cuando estoy dormido,
como te nombro cuando estoy perdido.
A veces sueño y estoy yo dentro del sueño,
y cuando estoy peor estoy como ahora estoy,
¿a quién doy gracias si se cumplen mis deseos?
ser feliz y que me quieran los que quiero...
(2004)
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.