Donde caben dos
para el listo más tonto y al revés
para las niñas guapas de la escuela
y la sabia del burdel,
para el próximo baile, para el último tren.
Hay sitio para el que no ha visto nada
y el que vio más de lo que ve
para el olvido y la memoria, mañana y antesdeayer
para todas las fotos que te han visto crecer.
Donde caben dos caben tres,
donde caben tres tu también
Donde cabes tu quepo yo
y todo el que quiera caber.
Para el rock and roll de los idiotas
para el tango canalla de Gardel
para las tres versiones de la historia
la del novio, su amante y su mujer
para causas perdidas que no puedes perder.
Para el que llega tarde y el que nunca se fue.
Hay un sueño posible, si te encuentras con él.
(1999)
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.