La tercera no me la pierdo
por no haber aún nacido,
el festín de los cañones,
la fiesta del estallido.
Me los perdí, mala suerte,
las bombas con sus silbidos,
las trincheras en el frente,
el fusil, los alaridos.
Después vino la segunda
y fue mejor todavía,
pero como yo era un niño
no fui de la artillería.
Me regalaban fusiles,
pistolas de fantasía
pero no causaban daño:
eran pura porquería.
Podré perderme disputas.
peleas sin atractivo,
jaleos en el Estadio,
divorcios consecutivos.
Podré perderme una rosca
en algún día festivo,
pero la próxima guerra.
esa, por ningún motivo.
Hubo aquí muy buenas guerras
con occisos eminentes
murió hasta Pedro'e Valdivia
y muchísima más gente.
Murieron conquistadores,
los indios altivamente,
pero yo me las perdí
porque no estaba presente.
Y una guerra muy mentada
fue la de la Independencia:
se mataron españoles
con patriótica licencia,
con la pólvora y la espada
se les hizo resistencia,
pero yo me quedé afuera:
¡me la perdí por ausencia!
Me perdí las guerras santas,
las diecisiete cruzadas.
jamás corté una cabeza,
ni una sola rebanada.
Apenas alguna vez
he dado una bofetada
y a lo más, en los sesenta
construí una barricada.
Me ofrecen guerras insulsas
que no están a mi medida:
guerra contra el alcoholismo,
guerra también contra el SIDA.
Yo quiero una buena guerra
para mi furia homicida
y esta tercera que viene
me la tengo prometida.
Guerras con gases malignos,
con sablazos y escopetas,
guerras de grueso calibre
con tanques y bayonetas.
Y si nos quedamos cortos
pongamos más altas metas:
¡Hagamos esta tercera
pa' acabar con el planeta!
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