Ea mio neñín
que vuelva mañana,
que el padre del neñu
non fue la montaña.
Ea, mi neñín, agora non,
ea, mi neñín, que está el papón.
El que está en la puerta
que non entre agora,
que está el padre en casa
del neñu que llora.
Válganme mil diablos
que mal entendéis
que volváis mañana
que tiempu tenéis.
(1973)
Abril de 2026. Una visita a Cuenca. La ciudad alta parece casi inalcanzable pero se va abriendo al paso del caminante y se descubre a pinceladas, se avanza lentamente con atención a los detalles, te va envolviendo su generosa ofrenda de ocres, una esencia dulce de calles antiguas, escenario de historias de vida que fueron y van arriba y abajo. Cuenca, refugio de miradas eternas que en sus horizontes van quedando guardadas, también en nuestra memoria. Cuenca, la de la piel quebrada por hoces y ríos, la que celebró en el siglo XX su poeta Federico Muelas, la que envejece y revive en el XXI y cada día.
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