En el camino
que llegar a algo no es crecer,
que mirar no es siempre ver,
ni que escuchar es oír,
ni lamentarse sentir,
ni acostumbrarse querer.
En el camino aprendí
que andar solo no es soledad,
que cobardía no es paz,
ni ser feliz, sonreír
y que peor que mentir
es silenciar la verdad.
En el camino aprendí
que la ignorancia no es no saber,
ignorante es ese ser
cuya arrogancia más vil
es de bruto presumir
y no quere aprender.
En el camino aprendí
que puede un sueño de amor
abrirse como una flor
y como esa flor morir,
y que su breve existir
fue todo aroma y color.
En el camino aprendí
que la humildad no es sumisión,
la humildad es ese don
que se suele confundir.
No es lo mismo ser servil
que ser un buen servidor.
En el camino aprendí
que la ternura no es doblez,
ni vulgar la sencillez,
ni lo solemne verdad;
vi al poderoso mortal
y a tontos con altivez.
En el camino aprendí
que es mala la caridad
del ser humano que da
esperando recibir,
que no hay defecto más ruin
que presumir de bondad.
En el camino aprendí
que en cuestión de conocer,
de razonar y saber,
es importante, entendí,
mucho más que lo que vi,
lo que me queda por ver.
Es una canción que nace de un montón de camino andado y de años vividos, dos cosas que a uno le enseñan mucho.
Una vez en Gradefes, pequeño pueblo de la provincia de León, donde me llevó a cantar mi amigo y concejal de cultura Carlos Tejerina, me aconteció esta anécdota jocosa y bella. Estábamos armando el sonido en el aula de la pequeña escuelita donde habría unas sesenta personas esperando con antelación a que comenzara el concierto, cuando llegó una señora en bicicleta, de esas bicicletas antiguas con un titilante farolillo de luz amarilla. Se llamaba Genilde, lo supe después.
Al entrar, Carlos le dijo que yo era el autor de esa canción que tanto le gustaba, refiriéndose a En el camino. La mujer me preguntó entonces si la iba a cantar; cuando contesté afirmativamente salió de la escuela y pedaleando se fue. Al cabo de un rato regresó con una grabadora y Tejerina le reconvino: “Pero mujer, si él ya la tiene grabada”. A lo que Genilde respondió: “Él sí, pero yo no”.
En mitad del concierto saltó el botón de grabar y la mujer me miró desolada; entonces interrumpí el tema que estaba cantando y le dije que diera la vuelta a la cinta y continué. Es una bella historia, entre otras muchas, que da el camino.
La cantante, flautista y compositora catalana Magalí Sare presenta Descasada, un trabajo entre la investigación antropológica y la libertad musical. Sare se sitúa en una escena de mujeres altamente formadas que han redefinido la canción de autor contemporánea.
En Barcelona tenemos la suerte de poder disfrutar de una cada vez más numerosa comunidad de artistas argentinos que habitan la ciudad y que enriquecen nuestra vida cultural. Con pocos días de diferencia tres de ellos han presentado sus respectivos trabajos discográficos en diversos espacios: en una librería abierta a la música, en la sede de un extraordinario refugio asociativo de Sants y en el auditorio de una biblioteca histórica.
La última edición del BarnaSants, la primera dirigida por Marçal Girbau, ha reducido un 40% el número de conciertos pero ha aumentado un 33% la asistencia y la venta de entradas. Girbau, que ha valorado positivamente esta 31 edición en la rueda de prensa celebrada hoy en Barcelona, ha apostado por menos fechas, más peso artístico y producciones propias con recorrido. Y una vez más se ha reivindicado la creación del Ateneu de la Cançó.