Gente humilde
en que pienso en tanta gente
y siento que
mi pecho se pone a llorar
porque parece
que me diera de repente
como un deseo de vivir
en soledad.
Igual me pasa
que al cruzar por esas villas
las miro bien
viniendo en tren de algún lugar
y ahí me da
como una envidia de esa gente
que mira al frente
sin tener en qué confiar.
Son casas simples
con sus rejas de madera
y en las fachadas
escrito arriba que es un hogar
en sus ventanas
flores tristes y marchitas
como alegría
que no encuentra su lugar.
Y ahí me da una tristeza
y me lamento
de ser tan poco
y no tener con qué luchar.
Yo que no creo
ruego a Dios por esa gente
es gente humilde,
¡Ay! qué ganas de llorar.
(1969)
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