El asesinato
No solamente en la ciudad
florece el asesinato;
en nuestro pueblo también se da
el mejor instinto criminal.
Tenía la cabeza cana
y el corazón tierno y esponjoso:
la sangre le puso una trampa
por una de veinte años.
Pero la carne fresca de la calle
cuesta mucho dinero...
Después de cuatro o cinco besos
ya no le quedaban fondos.
Cuando ella extendió su mano abierta,
él triste respondió
que era más pobre que un tal Job.
Ella se vistió a toda prisa.
Se fue a buscar a su amiguito
oliéndose un engaño,
y lo llevó a casa del viejo
para que acabase con él.
Ella lo aguanta y él, fríamente,
le clava la navaja.
Cuando expiraba, lo insultó
y le sacó la lengua.
Lo registraron todo de arriba a abajo
sin encontrar ni un céntimo.
Sólo facturas deprimentes
y avisos de embargo.
Entonces, a ella le supo mal
haber hecho lo que hizo...
De rodillas, aquel pendón
al muerto le pidió perdón.
Y cuando llegó la bofia,
llorando la encontró.
Fue una lágrima de miel
lo que la llevó al cielo.
Y la misma mañana en que la ahorcaron
subió al Paraíso.
A algunos creyentes, desde aquel día
no se les ve muy contentos.
No solamente en la ciudad
florece el asesinato;
en nuestro pueblo también se da
el mejor instinto criminal.
florece el asesinato;
en nuestro pueblo también se da
el mejor instinto criminal.
Tenía la cabeza cana
y el corazón tierno y esponjoso:
la sangre le puso una trampa
por una de veinte años.
Pero la carne fresca de la calle
cuesta mucho dinero...
Después de cuatro o cinco besos
ya no le quedaban fondos.
Cuando ella extendió su mano abierta,
él triste respondió
que era más pobre que un tal Job.
Ella se vistió a toda prisa.
Se fue a buscar a su amiguito
oliéndose un engaño,
y lo llevó a casa del viejo
para que acabase con él.
Ella lo aguanta y él, fríamente,
le clava la navaja.
Cuando expiraba, lo insultó
y le sacó la lengua.
Lo registraron todo de arriba a abajo
sin encontrar ni un céntimo.
Sólo facturas deprimentes
y avisos de embargo.
Entonces, a ella le supo mal
haber hecho lo que hizo...
De rodillas, aquel pendón
al muerto le pidió perdón.
Y cuando llegó la bofia,
llorando la encontró.
Fue una lágrima de miel
lo que la llevó al cielo.
Y la misma mañana en que la ahorcaron
subió al Paraíso.
A algunos creyentes, desde aquel día
no se les ve muy contentos.
No solamente en la ciudad
florece el asesinato;
en nuestro pueblo también se da
el mejor instinto criminal.
(1962)
Versión de Georges Brassens
Versión de Miquel Pujadó
Idiomas
Comentarios
La traducción de esta canción ha sido realizada a partir de la adaptación al catalán de Miquel Pujadó, no del original en francés.
Esta canción aparece en la discografía de
LO + LEÍDO