El asesinato


No solamente en la ciudad
florece el asesinato;
en nuestro pueblo también se da
el mejor instinto criminal.

Tenía la cabeza cana
y el corazón tierno y esponjoso:
la sangre le puso una trampa
por una de veinte años.

Pero la carne fresca de la calle
cuesta mucho dinero...
Después de cuatro o cinco besos
ya no le quedaban fondos.

Cuando ella extendió su mano abierta,
él triste respondió
que era más pobre que un tal Job.
Ella se vistió a toda prisa.

Se fue a buscar a su amiguito
oliéndose un engaño,
y lo llevó a casa del viejo
para que acabase con él.

Ella lo aguanta y él, fríamente,
le clava la navaja.
Cuando expiraba, lo insultó
y le sacó la lengua.

Lo registraron todo de arriba a abajo
sin encontrar ni un céntimo.
Sólo facturas deprimentes
y avisos de embargo.

Entonces, a ella le supo mal
haber hecho lo que hizo...
De rodillas, aquel pendón
al muerto le pidió perdón.

Y cuando llegó la bofia,
llorando la encontró.
Fue una lágrima de miel
lo que la llevó al cielo.

Y la misma mañana en que la ahorcaron
subió al Paraíso.
A algunos creyentes, desde aquel día
no se les ve muy contentos.

No solamente en la ciudad
florece el asesinato;
en nuestro pueblo también se da
el mejor instinto criminal.

(1962)

Versión de Georges Brassens
Versión de Miquel Pujadó
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La traducción de esta canción ha sido realizada a partir de la adaptación al catalán de Miquel Pujadó, no del original en francés.

Esta canción aparece en la discografía de
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