Bajo el signo de la parca
voy deslizándome aguas abajo
sentado en una barca
sin remo ni timón.
Bajo el signo de la Parca,
pasa el tiempo –y un servidor-
al compás de una canción.
Mientras se escurre el paisaje,
mientras huyen los segundos,
vivo embriagado por un brebaje
que multiplica horizontes.
Y, zurciendo encantamientos,
con hilo de niebla de lagos,
busco las llaves de los misterios
en un país sin cerraduras.
Bajo el signo de la Parca
alzo el puño hacia la Nada
y no acepto ningún jerarca
porque ninguno me convence.
Bajo el signo de la Parca,
pasa el tiempo –y un servidor-
al compás de una canción.
Soy sacerdote proletario
de un culto pobre en fieles,
sastre furtivo y gregario
de palabras en flor sin raíces.
Voy repartiendo a los agnósticos
fibras de un Fabra (1) enfebrecido
y, contra todo pronóstico,
quieren volver a llenarse el buche.
Bajo el signo de la Parca,
juego a vivir mientras vivo,
porque la vida no se da cuenta
de que tragársela es un riesgo.
Bajo el signo de la Parca,
pasa el tiempo –y un servidor-
al compás de una canción.
Con armonías repentinas,
he atrapado y aprisionado
las mariposas doradas
del sueño y la libertad.
Pinto con carbones luminosos
ásperas cortezas de noche
y, reparando estrellas fundidas,
le tomo las medidas al infinito.
Bajo el signo de la Parca,
corazón adentro voy ordenando
el viejo caos que ahora enmarca
un viaje delirante.
Bajo el signo de la Parca,
pasa el tiempo –y un servidor-
al compás de una canción
Si un bosque de voces chamuscadas
cubre la ceniza a mi paso,
haciendo que florezcan de nuevo las melodías
que adormecen las lunas al raso,
¿qué importa, si mi calendario
pierde un cabello cada día?
¿Qué importa, si este gran falsario
me quiere inmolar con él?
Bajo el signo de la Parca,
voy deslizándome hacia Poniente,
dejando mi marca
en las páginas del viento.
Bajo el signo de la Parca,
pasa el tiempo –y un servidor-
pero queda la canción.
(1) Pompeu Fabra: responsable, a inicios del siglo XX, de la normativización ortográfica de la lengua catalana.
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